Los Acantilados tiene un clima tan benigno en cualquier época del año, que atraen a multitud de personas que desean pasar sus días de asueto por estos parajes. Hay quienes se hospedan en los distintos hoteles de las ciudades aledañas; hay quienes pasan su días de relax en lujosas villas ofrecidas en portales del universo internauta; hay quienes buscan casitas más humildes y apartadas de la civilización; o hay quienes se hospedan en las distintas construcciones abandonadas, casi derruidas que aparecen por distintos puntos de los Acantilados; o quienes, simplemente optan por construirse su propio habitáculo para residir durante cierto tiempo por estos rincones.
Si buscamos la palabra “choza” en el diccionario nos encontramos con la siguiente definición: ”Construcción rústica pequeña, de materiales pobres, destinada a refugio o vivienda”. Pero si ya definimos una construcción como “chozo”, la simple “o” que le cambiamos, significa que dicha construcción es aún más rústica y pobre que la choza.
Como “chozo” podemos definir esta construcción situada en un magnífico balcón natural que se asoma a la inmensidad del mar. Es lo que se llama una morada con vistas, y además, con vistas espléndidas. Casi todo el tiempo está deshabitada, pero por aquí no es ningún problema, estamos acostumbrados a ver las persianas bajadas hasta de las mansiones más lujosas, casi todo el año. Sus propietarios como tendrán el dinero por castigo, se permiten el lujo de tenerlas como segunda, tercera o cuarta vivienda. ¡Vaya usted a saber! ¿Por qué las personas humildes no se pueden permitir semejante lujo, de dejar su chozo alguna temporada deshabitado?
No se conoce el nombre del autor de tal construcción, tampoco el de su inquilino o inquilinos. Ni hemos intentado acudir al registro de la propiedad, para indagar si ha sido escriturada. Tampoco sabemos dónde podemos llamar para alquilarla. Por los portales de Internet dedicados a tales menesteres no aparece. ¡Algo extraño en estos tiempos! Porque con esas vistas en primerísima línea de playa, sería un producto apetitoso para los chacales de la especulación y del negocio turístico.
Pero ha pasado desapercibida a tales vaivenes lucrativos y ha sido capaz de resistir a los temporales de Levante que por estos lugares se dejan sentir con bastante fuerza. ¡Que no es poca faena!
¡ Más sencilla no puede ser, y a duras penas, este chozo sigue en pie! ¡Que sea por muchos años y pueda servir de refugio a quien desee pasar una “temporadita” en tan magnífica zona!












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