Funambulistas















Cada cierto tiempo aparecen por los Acantilados grupos de volatineros que aprovechan lo escarpado de estos Acantilados, para desarrollar la actividad que más les gustan. Montan su estructura circense en un Paraje Natural que no está preparado para ello, y que además no contempla, en su declaración institucional como Paraje Natural, de que pueda ser utilizado para tal fin. Pero estos equilibristas, ajenos a las leyes convencionales que nos dictan y nos comunican qué debemos o no debemos hacer en un sitio determinado, saben sacarle todo el partido posible, a ese pino que se asoma vertical al abismo del mar, o a ese saliente de roca que se convierte en columna robusta, para anclar y asegurar ese delgado hilo desde el que desafiar la gravedad. Es un espectáculo poder observar la liturgia con la que se van preparando para poder recorrer esa decenas de metros que los separa del suelo. De no seguirla con total meticulosidad podría costarles un serio contratiempo. Con pasos lentos, casi a ritmo de ballet y los brazos extendidos, van alternando los movimientos acompasados en su marcha para llegar al extremo del fino alambre. La primera visión que se viene a la cabeza, no podría ser otra, si no, la del ser crucificado casi desnudo, como aquel otro crucificado, que se va entregando lentamente hacia el desafío de la muerte, pero en este caso, no podemos decir con certeza, si para salvar a la Humanidad de los despropósitos actuales, o simplemente se trata de otra autoinmolación controlada, como aquella del Gólgota, donde se tenía la seguridad, de que pasara lo que pasara, iba a resucitar.

Muchos son los que ponen el grito en el cielo, quizás los renglones anteriores puedan aclararles algo, sobre la conveniencia o no de esta actividad en paraje tan bello. Máxime cuando la mayoría de actores que realizan la actividad, entran en el denominado clan de “los perros flautas”, tan denostados y perseguidos. ¡Esto se está llenando de perros flautas y además de ocupar cuevas y cortijos abandonados, ponen cuerdecitas para hacer sus espectáculos!

Es normal que piensen de esta forma, si nuestro lenguaje es tan rico y diverso, es por que la mayoría de nuestras palabras no tienen un sólo signifcado, y la mayoría de los mortales vemos el significado de funambulismo de “los perros flautas” como algo problemático y digno, de como menos, controlar. Nos identificamos más con el otro significado de funambulismo que utilizamos con mucha más frecuencia y está a la orden del día de nuestro quehacer diario. Se trata de esa habilidad de desenvolverse ventajosamente entre diversas tendencias u opiniones opuestas. ¡Quién no ha practicado alguna vez en su vida dicho funambulismo! ¿No es la actividad actual que más practican quienes nos gobiernan y quienes les votamos?

Pero cómo vamos a comparar un funambulismo con otro! El que nosotros practicamos sin arneses ni cuerdas de seguridad es mucho más inofensivo que ese otro practicado por la escoria de “los perros flautas”.

Perspicaz e ingenioso senderista, si alguna vez en tus andanzas te encuentras con un grupo de personas haciendo funambulismo, antes de emitir un juicio del que puedas arrepentirte, abre el diccionario de la RAE en el móvil, lee las acepciones de la palabra funambulismo, y verás que es una actividad que se practica más de lo que crees. La única diferencia entre ambas, es que una se practica con ciertas medidas de seguridad, y  la otra con la seguridad de que las medidas que se toman siempre son para nuestro beneficio.












 

La dieta















La dieta de la cabra montés en los Acantilados, al igual que la dieta de poblaciones de la misma especie en otras zonas, está sujeta a las distintas épocas del año, y a la disponibilidad y calidad del alimento. Por encontrarse los Acantilados en una zona de clima mediterráneo, la variabilidad de alimentos es consustancial a las lluvias caídas durante el año; teniendo menos relevancia, los cambios bruscos de temperaturas, porque en los Acantilados, dichos cambios apenas existen. En los Acantilados como hemos referido en alguna entrada anterior, solo existen dos estaciones: seis meses de un verano muy prolongado y otro seis meses de un otoño-primavera.

Tampoco cuenta los Acantilados con grandes masas boscosas de monte mediterráneo donde la cabra encuentre una variedad de árboles de los que alimentarse. No hay madroños, no hay encinas, no hay alcornoques, solo algunas manchas de pinos y especies mediterráneas dispersas conforman la masa leñosa de la que alimentarse. Si a eso unimos los prolongados periodos de sequía que azotan a los Acantilados, tampoco tiene la cabra una extensa gama herbácea a la que poder acceder para su alimentación.

Entonces, ¿De qué se alimenta la cabra montés en estos Acantilados? Prácticamente la alimentación por estos parajes es leñosa, alternada con periodos de alimentación herbácea que se prolongarán en el tiempo, según la generosidad de las lluvias caídas. Llegado el otoño-primavera y tras las primeras lluvias, la cabra empieza a consumir los primeros brotes de hierbas que van saliendo. Cuando más adelante vayan apareciendo las primeras flores, la cabra empezará a escoger de una y otra planta aquella flor que llevarse a la boca. Esta alimentación, que tiene que ser abundante, porque coinciden con el celo, donde la cabra tiene una actividad incesante, la va enriqueciendo con esparto, bayón, pino, olivo, arto, enebro, cornicabra, romero, lentisco,….. cualquier árbol o planta leñosa es bienvenida. A esta variedad, se une los restos de algarrobas que van quedando en los árboles que están dispersos por todo el Paraje.

Para mí, quizás sea la algarroba el alimento más importante en su dieta. La algarroba aparece a finales de agosto, y si el año ha sido de carga, se prolongan los frutos hasta diciembre e incluso más.  Frutos que coinciden con el periodo más crítico en cuanto alimentación de la cabra en los Acantilados, pero con un gran valor energético, en momentos donde el verano ha hecho estragos en el resto de plantas, y el algarrobo le va ofreciendo a la cabra, de manera casi dosificada, ese maná, nunca mejor dicho, caído del cielo.

Junto con la algarroba y alguna que otra penca descarriada tras la epidemia de cochinilla, durante el extenso verano, la cabra tiene que tirar de ingenio y arrojo, para alimentarse. Para ello cuentan con la inestimable ayuda de viviendas aisladas y urbanizaciones que hay por los Acantilados. Es en verano, cuando se riegan con mas asiduidad los jardines de las urbanizaciones y chalets privados, y es entonces, cuando la cabra aprovecha las circunstancias para colarse y buscar ese alimento fresco que la Naturaleza le niega. Hay quienes ponen el grito en el cielo, porque las cabras irrumpen en sus propiedades tan mimosamente cuidadas para pasar sólo una semana al año; pero por contra, hay quienes las aceptan y ayudan a pasar ese periodo tan crítico. ¡De todo hay en la viña......, y en las urbanizaciones……..!


 

Adelfa (Nerium oleander)

 















Nos encontramos ante uno de esos dilemas, que son bastantes difíciles de comprender, pero que se nos muestran de una forma tan normal, que no nos parece tan importante ni tan grave como pudiera ser. La adelfa está considerada como una planta tóxica capaz de producir la muerte al hombre y a los animales que la ingieren. A pesar de esta afirmación tan rotunda, las medianas de las carreteras, los parques y jardines utilizan las adelfas como plantas ornamentales. Aunque es cierto, que su toxicidad tradicionalmente se ha exagerado hasta límites extremos, llegándose a creer que por dormir bajo su sombra o beber del agua próxima a donde vive la planta se pueden sufrir sus efectos negativos, como por ejemplo la caída del pelo. También hay una leyenda, que dice, que durante la Guerra de la Independencia Española (1808) un pelotón de soldados de Napoleón sufrió las consecuencias del mal uso de la adelfa. Como cualquier leyenda, hay varias versiones sobre lo sucedido. Hay quien dice que fueron los españoles quienes prepararon el asado, y otra versión que apunta, a que fueron los propios soldados quienes utilizaron estacas de adelfa que encontraron alrededor del lugar donde acamparon para asar carne. Ocho soldados murieron y otros cuatro quedaran gravemente intoxicados.

¿Cómo ha podido sobrevivir una especie tan tóxica y ser tan empleada? Hay quien apunta a que su profusa y variada floración, su explosión floral cuando llega el verano, haya sido su mejor marca-presentación para contrarrestar  su temerosa peligrosidad. Aquí entra en juego el psicoanálisis: Eros, el impulso de la vida y de la creación, representada por la belleza de sus flores; vence a Tánatos, la muerte, representada por su alta toxicidad.

Pero no sólo, presenta esta contradicción en cuanto a su peligrosidad, sino que también la presenta en cuanto a los hábitats donde las podemos encontrar. Su etimología “Nerium” se refiere a que crece cerca de corrientes de agua, y por contra, las encontramos masivamente plantadas en las medianas de las autovías donde el agua brilla por su ausencia. Nueva dicotomía para la adelfa: Nerium, que nos indica que crece cerca de corrientes de agua; Oleander, que nos indica que sus hojas se parecen a las del olivo, árbol que se caracteriza por aguantar bien las épocas de sequía. Agua-vida, Sequía-muerte, otra vez el dichoso psicoanálisis.

En los Acantilados, por lo menos, la dicotomía del hábitat no queda reflejada. Podemos encontrarla sólo en jardines y vallados de las edificaciones residenciales, donde el riego es estable; y en los cauces de ríos y arroyos, haciendo honor a su Nerium etimológico. Debido a que la longitud de ríos y arroyos es más bien cortita, su presencia no es muy abundante. Podemos encontrar ejemplares salteados por los distintos arroyos, y más común por las zonas donde afloran las aguas dulces superficiales; por lo que, en los Acantilados nos perdemos su bella floración antes del verano.

Pero audaz e intrépido caminante, no quiero dejarte sólo con el desasosiego de la toxicidad y peligrosidad de la adelfa, menos dramáticos son algunos usos. En algunos lugares se realizan coronas, no para ponerlas en el pelo, por lo de su fama de dejarnos calvos, sino como coronas de homenaje durante la víspera de San Juan. Se realiza un tipo de ritual en recuerdo a los marineros que encontraron en el mar su sepultura, lanzando al mar coronas de adelfa la víspera de la noche mágica. 

Así que si te da por celebrar, osado y audaz caminante, la noche de San Juan en algunas de las playas o calas de los Acantilados, y ves flotar una corona de adelfas por el manso rebalaje, recuerda, que alguien rinde tributo a cuantos descansan en el inmenso cementerio en el que se está convirtiendo nuestro mar de Alborán, aunque la inmensa mayoría no sean marineros. Si eres creyente puedes rezar por ellos, si no lo fueses, sencillamente guarda respeto a su paso.