Gavilán (Accipiter nisus)















Observar y ya no digamos fotografiar al gavilán en los Acantilados es ardua, difícil y complicada tarea. En primer lugar, porque si observamos su distribución en la Península, se le sitúa en las serranías de las provincias andaluzas, y en segundo lugar, porque nos enfrentamos a una de nuestras rapaces de menor tamaño, y para más dificultad es una ave forestal. Quiere decir esto que vive y desarrolla su actividad en bosques, y la verdad que bosques, bosques, nuestros Acantilados cuentan más bien con pocos, o mejor dicho con ninguno. Podríamos llamarles bosques a las manchas de pinos que aparecen dispersas por sus laderas, y son tan pequeñas, que cuando te adentras en ellos, los animales que puedan estar escondidos o descansando dentro, te están viendo a una distancia considerable antes ni siquiera de poner un pie en su interior.

Pero a pesar de estos inconvenientes, en los Acantilados podemos observar a esta pequeña, rápida y sorprendente rapaz. Hay años en que la podemos ver, durante todas las estaciones, y otros en los que solamente podemos contemplarla durante la época de cría. Todo dependerá de la comida que haya ese año, o de las ganas que tenga de cruzar el mar que lo separa de Africa. Durante el último año, lo hemos podido contemplar prácticamente durante todo el año. También por encontrarse los Acantilados frente a las costas africanas, las épocas de pasos pre y postnupciales son buenas épocas para poder observar el paso de estas pequeñas rapaces.

Como rapaz pequeña se alimenta de las aves más diminutas que pueblan las manchas de pinos de los Acantilados, léase: herrerillos, mitos, rmosquiteros, reyezuelos, etc. Está tan adaptada a los bosques, que toda su fisionomía está especializada para moverse en la espesura de los bosques. Sus alas cortas y su cola larga le permiten tener una agilidad y maniobrabilidad fundamentales para poder capturar a sus pequeñas presas. En los Acantilados también suele escudriñar las zonas de agua donde suelen acudir las aves a beber. Pero estas zonas son tan cambiantes y tan poco estables, que podemos observar su presencia una época en un sitio y otra época en otro. Las pocas zonas de agua dulce superficiales están tan presionadas por la presencia humana que ni las aves acuden. Con todo ello, poder ver al gavilán acechar a sus presas desde una atalaya que controle la llegadas de las aves a beber, es bastante complicado, sólo un golpe de suerte o la de la estabilidad de esa fuente de agua durante un tiempo prolongado, puede depararte un extraordinario momento de contemplación. Lo normal, es que puedas observarla en vuelo. La mayoría de las veces es un visto y no visto. Es un vuelo fugaz entre pinos u olivos. Otras veces, las menos, puedes recrearte con un prolongado planeo localizando a su posible presa. En estos momentos es donde más puedes disfrutarlas.

Así que observador y perspicaz caminante, tendrás todo un golpe de suerte, si primero puedes observar a una rapaz volar por los Acantilados; segundo, si puedes reconocer que es un gavilán; y tercero, si ya lo ves parado, entonces ya, es la releche. ¡Que se de ese golpe de suerte!


 

Nomeolvides (Utetheisa pulchella)















Nos encontramos ante una mariposa nocturna, que por necesidades del guión, ha modificado sus hábitos a claramente diurnos, por lo que no es ninguna extrañeza, verla volar a plena luz del día. Quizás por sus costumbres nocturnas, donde hay una menor pléyade de voraces depredadores, y donde se encontrara más segura y confiada, es una especie tranquila y fácil de fotografiar, ya que sus movimientos son lentos y sus vuelos cortos, aunque éstos últimos dependerá del grado de amenaza que detecte, pues hay ejemplares, que al menor movimiento no se les vuelve a ver las antenas. 

Como toda especie natural, no es conocida por un solo nombre. Entre otros, cuenta con el de nomeolvides, lacayo carmesí, punteado o palomita arlequín. De entre todos, el primero podríamos considerarlo como más original, pues sí que es bastante difícil, encontrarte con un ejemplar de “Utetheisa pulchella”, y que no puedas reconocerla y sobretodo, acordarte de su nombre científico. 

Sus colores tan intensos y llamativos que podemos observar al primer vistazo, no son por casualidad, como casi todo lo que nos muestra la sabia Naturaleza. Esos colores, nos advierten de su peligrosidad si es ingerida por cualquier depredador. Hasta sus orugas, que son igualmente coloridas, al sintetizar las sustancias de las plantas de las que se alimentan, también son venenosas. Llega hasta tal punto su amenaza, que se han descrito casos en que ejemplares que han caído en telarañas, las arañas han rechazado a esta especie como alimento. ¡La Utetheisa tenemos claro, que no se considerará en el futuro una especie de insecto de la que nos podamos alimentar!

Esta mariposa tan llamativa, tiene dos generaciones anuales. En nuestra provincia, la primera generación vuela principalmente en mayo, pero no suelen observarse muchos ejemplares. La segunda es mucho más abundante y emerge desde septiembre hasta noviembre, siendo octubre el mes con mayor número de observaciones. Durante el mes de noviembre en los Acantilados, un mes poco habitual para ver mariposas, hubo una abundancia inusual de ejemplares. Casi todas las mariposas que se veían volar o bien estaban posadas, eran Utetheisas.

En los Acantilados la podemos ver en prados, matorrales y herbazales, en zonas de caminos,  terrenos y parcelas abandonadas, e incluso en las hierbas que crecen entre las piedras de las eras abandonadas. 

Así que observador caminante que te adentras por estos parajes, si tus andanzas las realizas durante los meses de otoño, tendrías más posibilidades de encontrarte con esta llamativa mariposa nocturna, pero que va escogiendo la luz del día para su continuo ajetreo. ¡Qué la observación te llene de orgullo y satisfacción!


 

¿Homosexualidad?















Escabroso tema a pesar de que es tan antiguo, como la presencia misma, del hombre sobre la Tierra. La misma RAE, la define como una inclinación……. Como si el querer a otra persona, sea del sexo que sea, lo hiciésemos algo ladeados, y no se hiciera bien erguidos y con los pies bien asentados en el suelo. Los defensores y detractores esgrimen infinidad de argumentos para ver la homosexualidad como algo natural, o como algo contra natura. Lo que está claro, es que en los albores del “Homo tecnológicus”,  la homosexualidad sigue siendo perseguida y no aceptada por amplios sectores de la Humanidad.

En la Naturaleza, de la que venimos todos, parece ser que unas mil quinientas especies tienen comportamientos homosexuales, siendo el pingüino una de las especies donde primero se descubrió este comportamiento, aunque los trabajos realizados sobre el tema quedaron ocultos casi un siglo. Rápidamente se me ha venido a la cabeza, la homosexualidad del pingüino, con la de vestirse de frac (traje de pingüino) como sinónimo de elegancia en el atuendo del hombre. ¿Mensaje subliminal oculto de algún gurú homosexual de la moda, o simple coincidencia de colores en el vestir? ¡Ahí lo dejo!

La cabra montés se encuentra entre esas mil y pico especies, donde se vive la homosexualidad de forma natural. Se puede observa dicha conducta tanto en individuos jóvenes como en individuos adultos. Al principio, se podría ver como una conducta más de inicio, a lo que será el cortejo y cópula de la hembra en el período de celo, como ocurre con el chocar de cuernos. También en los primeros años, como antesala, de lo que será las grandes peleas para hacerse con los favores de las hembras. Pero lo que tienen de interesantes estos Acantilados, es que la densidad de cabras es muy alta, y la observación de las mismas se puede realizar a poca distancia y durante bastante tiempo. Las conductas que antes se veía esporádicamente, en estos parajes, se ven con bastante frecuencia. No sólo son los pequeños machos que intentan imitar las conductas de los ejemplares adultos; si no que ejemplares adultos, que con anterioridad han cortejado a una hembra, tienen el mismo comportamiento que los jóvenes. Terminados los intentos de monta antinaturales, por los ejemplares, la manada sigue su actividad normal, sin ningún tipo de discriminación ni señalamiento a los ejemplares implicados.

Sirvan estas imágenes para dar testimonio de que el comportamiento homosexual en la cabra es un hecho, aunque no generalizado, sí presente.

Así que permisible senderista, cuando en tus paseos por estos Acantilados te encuentres una escena parecida a las que mis fotografías muestran, no te escandalices, piensa que la sexualidad y la forma de amar, vivida con respeto por ambas partes, tienen muchas formas de expresarse.