Cantueso (Lavandula stoechas)















El término ”cantueso” corresponde a varias categorías botánicas pertenecientes a especies de la familia de las Lamiáceas:  “lavandula pedunculata”, “thymus moroderi “o “Lavandula stoechas”.  Entre ellos, el que tiene una mayor difusión en nuestro país es el que se refiere a la “Lavandula stoechas”, correspondiendo a esta especie la mayoría de las mieles vendidas como de “cantueso”. La lavanda en general es una de esas plantas de la que hay una extensa documentación. Ha sido conocida desde la antigüedad por sus variadas propiedades: antisépticas, analgésicas, bactericidas, vasodilatadoras, antinflamatorias de dolores musculares y se considera un sedante suave. Pero no sólo sus propiedades curativas han sido exaltadas, su aceite esencial es el más utilizado en perfumería con diferencia y esta variedad de lavanda también es muy aromática. El nombre Lavanda proviene del latín Lavare (Lavar), por lo que su uso dentro del baño fue y sigue siendo muy extendido actualmente. Los griegos ya elaboraban aceite de lavanda para usarlo como perfume, y los romanos la usaban para sus rituales y ofrendas. También en la Edad Media, los monjes cultivaban flores de lavanda para fines medicinales. Incluso, se ha utilizado durante siglos en todos aquellos aspectos relacionados con el amor: rituales de amor, pócimas para atraer al sexo opuesto, hechizos para "calmar" o dulcificar una relación sentimental, ……. Difícil de igualar tan  extenso abanico de propiedades y empleos.

Descritas algunas de sus bondades y usos a lo largo de la historia, debemos hacer justicia también a sus características como planta. Su resistencia tanto al calor como al frío, pues puede soportar los más rigurosos y calurosos días del verano, como temperaturas invernales entre los -5 y -10 grados, la hacen una de esas plantas que se adaptan perfectamente a nuestro clima. En los Acantilados la “Lavandula stoechas”no tiene por qué preocuparse de las temperaturas gélidas del invierno, pero sí que tendrá que hacer frente a los largos y calurosos periodos estivales. Es una de los tres “lavandas” que podemos encontrar en nuestras caminatas. Comparte suelo y clima con la “lavandula  multifida” y la “lavandula dentata”, de las que hablaremos en entradas futuras. No es la más numerosas de las tres, por lo que los ejemplares de “lavandula stoechas” podemos encontrarlos dispersos, por los distintos ecosistemas que conforman los Acantilados. Su robustez y penacho de sus flores las hacen fácilmente distinguibles de las otras lavandulas, así como la forma de sus hojas. Debido a que por estos lares, la primavera tiene la suerte de llegar antes, que a ciertos grandes almacenes de renombre, será a finales de febrero y principios de marzo cuando podamos encontrar los ejemplares de “stoechas” en su máximo esplendor. Pero todo ello, dependerá siempre de la inestimable aquiescencia de las lluvias caídas durante el otoño-invierno que se vive por estos Acantilados, que serán las que nos muestren la mejor cara de ésta y de las otras lavándulas.

Así, que observador y perspicaz naturalista que recorres estos Acantilados, si sólo tienes presente la primavera cuando te la recuerda cierta moda de esos grandes almacenes que todos conocemos, quizás ya, sea tarde para observar a la lavandula stoechas en todo su esplendor. Debes adelantarte, coger tu mochila y recorrer los Acantilados para embriagarte del balsámico y del colorista espectáculo que te brinda tan singular y afamada planta.







 

Alcaudón común (Lanius senator)















Nuestro protagonista, es un ave típica del paisaje mediterráneo, adaptándose bien a cualquier tipo de terreno, desde dehesas hasta pastizales, almendrales u olivares, e incluso a sotos fluviales. Es considerada como una de las rapaces más pequeña de la Península, que se alimenta de insectos, pequeños mamíferos y reptiles. Recientes estudios han comprobado que también caza pequeñas aves como currucas, zarceros o mosquiteros, que quedan debilitadas tras pasar un barrera geográfica debilitante, como el desierto, o la franja de mar que separa Europa de África; con la singular costumbre de empalar algunas de sus presas en arbustos espinosos, que los utilizará como despensa.

El alcaudón suele llegar a los Acantilados a comienzos de la primavera, por lo tanto es considerada como una especie estival. Al contrario de otras aves, que suelen verse con más frecuencia en el paso migratorio postnupcial (septiembre), el alcaudón se observa mejor en el paso prenupcial. Hay un mayor número de ejemplares por cualquiera de las zonas de los Acantilados, aunque la gran mayoría de ellas, seguirán hacia el centro y oeste de la Península para sus lugares de cria. Pocos ejemplares se quedarán por los Acantilados, en algunas ocasiones, cuando las condiciones han sido muy adversas, ni un ejemplar de alcaudón hemos podido observar durante el verano. Es lo que ha ocurrido los últimos años, donde la grave sequía que se ha vivido por la zona, ha hecho que su presencia haya sido nula durante el periodo de cria. 

El alcaudón es una ave bastante fácil de observar y de diferenciar, a pesar de ser un pájaro bastante tímido, pero su figura posada sobre las ramas altas de arbusto, vallas, cables eléctricos o muros, es bastante corriente. Su gran cabeza rojiza, y sus colores blanco y negro del cuerpo, la hace un ave bastante sencilla de identificar. Así, como su vuelo en picado para capturar algunas de sus presas, y vuelta a posarse en el mismo posadero, desde el que salió. Más a error nos puede llevar a identificarlas en su estadio de inmaduro, pues podemos confundirlas con otras aves, pero será su gran cabeza y su fuerte pico quienes nos saquen rápidamente de dudas.

Aunque el número de ejemplares a nivel nacional es bastante elevado, la población se considera que ha descendido un cincuenta por ciento, encontrándose en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial, pero no en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas, con un consecuente descenso poblacional, debido a la pérdida de territorios y cambios en las prácticas agrarias.

Así que observador caminante que apareces por primavera o verano por estos Acantilados, si has leído el texto anterior, verás que la observación de esta pequeña rapaz, está muy condicionada por las circunstancias climáticas. Los Acantilados son muy chiquitos y dan para lo que dan. Espero que cuando hayas elegido caminar por sus veredas las condiciones sean propicias y puedas observar esta pequeña y aguerrida ave. 






 

Funambulistas















Cada cierto tiempo aparecen por los Acantilados grupos de volatineros que aprovechan lo escarpado de estos Acantilados, para desarrollar la actividad que más les gustan. Montan su estructura circense en un Paraje Natural que no está preparado para ello, y que además no contempla, en su declaración institucional como Paraje Natural, de que pueda ser utilizado para tal fin. Pero estos equilibristas, ajenos a las leyes convencionales que nos dictan y nos comunican qué debemos o no debemos hacer en un sitio determinado, saben sacarle todo el partido posible, a ese pino que se asoma vertical al abismo del mar, o a ese saliente de roca que se convierte en columna robusta, para anclar y asegurar ese delgado hilo desde el que desafiar la gravedad. Es un espectáculo poder observar la liturgia con la que se van preparando para poder recorrer esa decenas de metros que los separa del suelo. De no seguirla con total meticulosidad podría costarles un serio contratiempo. Con pasos lentos, casi a ritmo de ballet y los brazos extendidos, van alternando los movimientos acompasados en su marcha para llegar al extremo del fino alambre. La primera visión que se viene a la cabeza, no podría ser otra, si no, la del ser crucificado casi desnudo, como aquel otro crucificado, que se va entregando lentamente hacia el desafío de la muerte, pero en este caso, no podemos decir con certeza, si para salvar a la Humanidad de los despropósitos actuales, o simplemente se trata de otra autoinmolación controlada, como aquella del Gólgota, donde se tenía la seguridad, de que pasara lo que pasara, iba a resucitar.

Muchos son los que ponen el grito en el cielo, quizás los renglones anteriores puedan aclararles algo, sobre la conveniencia o no de esta actividad en paraje tan bello. Máxime cuando la mayoría de actores que realizan la actividad, entran en el denominado clan de “los perros flautas”, tan denostados y perseguidos. ¡Esto se está llenando de perros flautas y además de ocupar cuevas y cortijos abandonados, ponen cuerdecitas para hacer sus espectáculos!

Es normal que piensen de esta forma, si nuestro lenguaje es tan rico y diverso, es por que la mayoría de nuestras palabras no tienen un sólo signifcado, y la mayoría de los mortales vemos el significado de funambulismo de “los perros flautas” como algo problemático y digno, de como menos, controlar. Nos identificamos más con el otro significado de funambulismo que utilizamos con mucha más frecuencia y está a la orden del día de nuestro quehacer diario. Se trata de esa habilidad de desenvolverse ventajosamente entre diversas tendencias u opiniones opuestas. ¡Quién no ha practicado alguna vez en su vida dicho funambulismo! ¿No es la actividad actual que más practican quienes nos gobiernan y quienes les votamos?

Pero cómo vamos a comparar un funambulismo con otro! El que nosotros practicamos sin arneses ni cuerdas de seguridad es mucho más inofensivo que ese otro practicado por la escoria de “los perros flautas”.

Perspicaz e ingenioso senderista, si alguna vez en tus andanzas te encuentras con un grupo de personas haciendo funambulismo, antes de emitir un juicio del que puedas arrepentirte, abre el diccionario de la RAE en el móvil, lee las acepciones de la palabra funambulismo, y verás que es una actividad que se practica más de lo que crees. La única diferencia entre ambas, es que una se practica con ciertas medidas de seguridad, y  la otra con la seguridad de que las medidas que se toman siempre son para nuestro beneficio.