Dedicado a Denis















Al inicio de los Acantilados, casi en su límite más occidental, y junto a los restos de lo que fueron unos bancos con vistas a los acantilados de la pedanía de Maro y la ciudad de Nerja, se encuentra una placa dedicada a nuestro protagonista: “En memoria de Denis Thompson (6.5.1919-19.9.1992)”. No sabía de la existencia de la placa, por lo que fue toda una sorpresa cuando tras aparcar el coche, en el pinar para empezar la ruta de la torre de Maro, me encontré con la placa a Denis. Toda una amalgama de sensaciones se agolparon en mi mente, cuando la descubrí. Por un lado, de tristeza, pero a la vez de alegría por recordar todos los bonitos momentos que había vivido, tanto con Denis como con Elma su mujer, en nuestras andanzas por las sierras Tejeda y Almijara.

Desde el año 79, llevábamos recorriendo las distintas veredas y subiendo a los distintos picos que la Tejeda-Almijara nos ofrecía, y no fue hasta una década después cuando nos organizamos como asociación de montañismo dependiente de la Federación Andaluza. Sería sobre el año 90, cuando la pareja Elma y Denis Thompson, contactan con nosotros y empiezan a sumarse a nuestras salidas. Ellos que habían llegado a la zona de Nerja sobre el 87, eran grandes conocedores de las rutas alrededor de Nerja y Maro. De hecho, sus publicaciones sobre dichas rutas han sido una referencia para esa zona durante más de 20 años. Publicaciones que al principio fueron pequeños folletos grapados: “Doce paseos por Nerja”; “Doce paseos por Maro”; “Doce paseos por Frigiliana”…… Pero les había faltado adentrarse por los intrincados barrancos de la sierra. Así, que la simbiosis que se produjo, hizo que nosotros les abriésemos el mundo de la parte alta de la sierra, y ellos nos abrieron el mundo de los alrededores de Nerja y Frigiliana.

Fueron muchas las jornadas vividas en la sierra. ¡Cómo ellos, al principio austeros y comedidos en cuanto al peso y la comida en la mochila, pues tenían una mentalidad montañera, fueron asombrándose y comprendiendo, nuestra filosofía de entender la montaña! Largas paradas para degustar una buena comida, donde cada uno aportábamos un plato elaborado, y regada con los distintos vinos que transportábamos en nuestras mochilas. Poco a poco fueron participando de nuestros ágapes, pero siempre con la cordura y la sobriedad en el “comercio” y el “bebercio”, como correspondía a su forma de entender las salidas a la montaña.

Denis padecía una enfermedad que le hacía no soportar muy bien las bajas temperaturas, y ésta fue una de las causas, por la que se vinieron hacia el sur, para seguir practicando su actividad favorita, pero sin los riesgos de soportar las bajas temperaturas de otras zonas. Pero los que nos hemos dedicado gran parte de nuestra vida al montañismo, sabemos que algunas veces, nuestra montaña puede ser muy traicionera y nos puede hacer pasar malos momentos. Eso fue lo que precisamente le pasó a nuestro amigo Denis. A principios de mayo de 1992, en una ruta sin dificultad desde las Llanadas de Sedella a la Maroma, de repente se desató una tormenta, con una repentina bajada de temperaturas, que cogió de lleno al grupo. Fui espectador de la entrada de la tormenta desde mi atalaya de Pasada de Granadillos en Canillas de Aceituno, y rápidamente me di cuenta de la situación que se les venía encima a mis compañeros de grupo.

El grupo, aún yendo preparado, no pudo evitar que Denis sufriera un shock debido a las bajas temperaturas. Debido a la experiencia del grupo y a su conocimiento del terreno, llevaron a Denis hasta una cueva cercana, donde lo estuvieron calentando con unas mantas, que había allí del pastor, que solía pasar algunas noches al resguardo; mientras otros miembros bajaban para avisar a los equipos de rescate. Al final se pudo sacar, con vida, aunque en estado de shock a Denis y ser trasladado al hospital comarcal de la Axarquía.

Estuvo ingresado varios días, y cuando lo visité en el hospital, tenía las yemas de los dedos de los pies y manos con congelaciones como si hubiese bajado de una cumbre del Himalaya, totalmente necrosadas. Le dieron de alta y a los pocos meses murió.

Acompañamos a Elma y a un grupo de amigos ingleses, para esparcir parte de sus cenizas en la cumbre del Navachica. ¡Mejor atalaya no se pudo escoger para su descanso! Fue en la bajada de esa cumbre, años antes, donde se reforzó más nuestra amistad, cuando tras sufrir unos calambres Denis, tuve que hacerles unos masajes y enseñarles unos ejercicios de estiramientos para que pudiese continuar y bajar hasta la Fuente del Esparto sin problemas.

Así, que osado senderista, si en tus andanzas, te adentras por la zona de la torre de Maro, y te encuentras con esta placa, recuerda que pertenece a un inglés, que junto a su mujer, recorrieron, disfrutaron y amaron estos parajes, tanto o más como puedas quererlos tú.


NOTA: Agradecer a Francisco Hernando y a Francisco Botella "Quirri" sus aportaciones para la realización de esta entrada.


 

Galgana (Lathyrus cicera)















Lo que más no ha llamado la atención de esta planta, ha sido su nombre: Galgana. Tenemos que decir que al Lathyrus cicera se le conoce igualmente, por infinidad de nombres, pero ha sido éste de Galgana, también Gálgana, el que más nos ha sorprendido. Pasado ese primer momento de sorpresa, se ha consultado el diccionario de la RAE, para saber qué podía significar, pero todavía para mayor sorpresa, dicha palabra no aparece en el diccionario. Como no nos hemos dado por vencido, hemos consultado también el Diccionario de Uso del Español de María Moliner, y en esta ocasión, la búsqueda ha dado sus frutos. Aparece la palabra galgana como “garbanzo pequeño”.

A raíz de esta de definición nos han surgido las dudas sobre si la galgana es una fabácea o una leguminosa. Así que hemos seguido buscando más información sobre la galgana, y nos hemos encontrado con que, tanto “fabácea” como “leguminosa” son dos nombres para designar a la misma familia de plantas, pero que fabácea es el nombre científico moderno. ¡La que está liando los avances en cuestiones genéticas!
A primera vista, lo que más no llama la atención de esta planta es su llamativa pequeña flor de color rojo. A partir de ahí, cuando vamos viendo más detenidamente la planta, vamos descubriendo las vainas que albergan los pequeños garbanzos o chícharos, pues también se conoce a la galgana como chícharo. Aquí vuelve a presentársenos un nuevo dilema, si la definición nos dice garbanzo pequeño, como se le puede denominar chícharo. Para nosotros chícharos son los guisantes. Zanjemos la cuestión, sea garbanzo o chícharo, lo que está claro, es que la galgana es otra de las plantas comestibles que han  quedado en el olvido. Tal era su popularidad, que en algunas zonas de Alicante, las semillas se utilizaban para guisos y recetas, siendo el más popular el “arroz con guijillas”. Pero el uso más generalizado de la galgana, ha sido como forraje para el ganado.
Actualmente, esta planta tan desconocida para la gran mayoría de los mortales de la zona, se sigue investigando desde el Consejo Superior de Investigaciones Científicas CSIC, y se ha obtenido una nueva variedad de galgana para forraje. Han conseguido una variedad muy resistente al frío, al secano y a las plagas. Podemos deducir que la galgana sigue teniendo su importancia cuando organismo tan reputado se dedica a su investigación

La galgana ajena a si aparece o no, en diccionarios, o de su importancia para alimentación del ganado o de la población humana, sigue creciendo en los bordes de los caminos de los Acantilados, en pedregales, linderos y roquedos, a pleno sol y huyendo de suelos encharcados. Como podemos comprobar en nuestros paseos por los Acantilados es una de las plantas más comunes que podemos observar, enganchadas y trepando por cualquier planta, retama o rama que tenga cercano. Lasa flores rojas van apareciendo como semáforos herbales entre el intrincado laberinto de tallos, hojas y ramas secas. 

Así que perspicaz visitante que vienes a recorrer estos Acantilados durante la primavera, podrás observar, si tienes ojos observadores, esta flor tan pequeña, singular y a la vez tan fotogénica. Pues podrás comprobar que bella, bella, no es, pero que al contrario que la mayoría de los mortales gana un montón delante de una cámara.


 

Gavilán (Accipiter nisus)















Observar y ya no digamos fotografiar al gavilán en los Acantilados es ardua, difícil y complicada tarea. En primer lugar, porque si observamos su distribución en la Península, se le sitúa en las serranías de las provincias andaluzas, y en segundo lugar, porque nos enfrentamos a una de nuestras rapaces de menor tamaño, y para más dificultad es una ave forestal. Quiere decir esto que vive y desarrolla su actividad en bosques, y la verdad que bosques, bosques, nuestros Acantilados cuentan más bien con pocos, o mejor dicho con ninguno. Podríamos llamarles bosques a las manchas de pinos que aparecen dispersas por sus laderas, y son tan pequeñas, que cuando te adentras en ellos, los animales que puedan estar escondidos o descansando dentro, te están viendo a una distancia considerable antes ni siquiera de poner un pie en su interior.

Pero a pesar de estos inconvenientes, en los Acantilados podemos observar a esta pequeña, rápida y sorprendente rapaz. Hay años en que la podemos ver, durante todas las estaciones, y otros en los que solamente podemos contemplarla durante la época de cría. Todo dependerá de la comida que haya ese año, o de las ganas que tenga de cruzar el mar que lo separa de Africa. Durante el último año, lo hemos podido contemplar prácticamente durante todo el año. También por encontrarse los Acantilados frente a las costas africanas, las épocas de pasos pre y postnupciales son buenas épocas para poder observar el paso de estas pequeñas rapaces.

Como rapaz pequeña se alimenta de las aves más diminutas que pueblan las manchas de pinos de los Acantilados, léase: herrerillos, mitos, rmosquiteros, reyezuelos, etc. Está tan adaptada a los bosques, que toda su fisionomía está especializada para moverse en la espesura de los bosques. Sus alas cortas y su cola larga le permiten tener una agilidad y maniobrabilidad fundamentales para poder capturar a sus pequeñas presas. En los Acantilados también suele escudriñar las zonas de agua donde suelen acudir las aves a beber. Pero estas zonas son tan cambiantes y tan poco estables, que podemos observar su presencia una época en un sitio y otra época en otro. Las pocas zonas de agua dulce superficiales están tan presionadas por la presencia humana que ni las aves acuden. Con todo ello, poder ver al gavilán acechar a sus presas desde una atalaya que controle la llegadas de las aves a beber, es bastante complicado, sólo un golpe de suerte o la de la estabilidad de esa fuente de agua durante un tiempo prolongado, puede depararte un extraordinario momento de contemplación. Lo normal, es que puedas observarla en vuelo. La mayoría de las veces es un visto y no visto. Es un vuelo fugaz entre pinos u olivos. Otras veces, las menos, puedes recrearte con un prolongado planeo localizando a su posible presa. En estos momentos es donde más puedes disfrutarlas.

Así que observador y perspicaz caminante, tendrás todo un golpe de suerte, si primero puedes observar a una rapaz volar por los Acantilados; segundo, si puedes reconocer que es un gavilán; y tercero, si ya lo ves parado, entonces ya, es la releche. ¡Que se de ese golpe de suerte!