La dieta de la cabra montés en los Acantilados, al igual que la dieta de poblaciones de la misma especie en otras zonas, está sujeta a las distintas épocas del año, y a la disponibilidad y calidad del alimento. Por encontrarse los Acantilados en una zona de clima mediterráneo, la variabilidad de alimentos es consustancial a las lluvias caídas durante el año; teniendo menos relevancia, los cambios bruscos de temperaturas, porque en los Acantilados, dichos cambios apenas existen. En los Acantilados como hemos referido en alguna entrada anterior, solo existen dos estaciones: seis meses de un verano muy prolongado y otro seis meses de un otoño-primavera.
Tampoco cuenta los Acantilados con grandes masas boscosas de monte mediterráneo donde la cabra encuentre una variedad de árboles de los que alimentarse. No hay madroños, no hay encinas, no hay alcornoques, solo algunas manchas de pinos y especies mediterráneas dispersas conforman la masa leñosa de la que alimentarse. Si a eso unimos los prolongados periodos de sequía que azotan a los Acantilados, tampoco tiene la cabra una extensa gama herbácea a la que poder acceder para su alimentación.
Entonces, ¿De qué se alimenta la cabra montés en estos Acantilados? Prácticamente la alimentación por estos parajes es leñosa, alternada con periodos de alimentación herbácea que se prolongarán en el tiempo, según la generosidad de las lluvias caídas. Llegado el otoño-primavera y tras las primeras lluvias, la cabra empieza a consumir los primeros brotes de hierbas que van saliendo. Cuando más adelante vayan apareciendo las primeras flores, la cabra empezará a escoger de una y otra planta aquella flor que llevarse a la boca. Esta alimentación, que tiene que ser abundante, porque coinciden con el celo, donde la cabra tiene una actividad incesante, la va enriqueciendo con esparto, bayón, pino, olivo, arto, enebro, cornicabra, romero, lentisco,….. cualquier árbol o planta leñosa es bienvenida. A esta variedad, se une los restos de algarrobas que van quedando en los árboles que están dispersos por todo el Paraje.
Para mí, quizás sea la algarroba el alimento más importante en su dieta. La algarroba aparece a finales de agosto, y si el año ha sido de carga, se prolongan los frutos hasta diciembre e incluso más. Frutos que coinciden con el periodo más crítico en cuanto alimentación de la cabra en los Acantilados, pero con un gran valor energético, en momentos donde el verano ha hecho estragos en el resto de plantas, y el algarrobo le va ofreciendo a la cabra, de manera casi dosificada, ese maná, nunca mejor dicho, caído del cielo.
Junto con la algarroba y alguna que otra penca descarriada tras la epidemia de cochinilla, durante el extenso verano, la cabra tiene que tirar de ingenio y arrojo, para alimentarse. Para ello cuentan con la inestimable ayuda de viviendas aisladas y urbanizaciones que hay por los Acantilados. Es en verano, cuando se riegan con mas asiduidad los jardines de las urbanizaciones y chalets privados, y es entonces, cuando la cabra aprovecha las circunstancias para colarse y buscar ese alimento fresco que la Naturaleza le niega. Hay quienes ponen el grito en el cielo, porque las cabras irrumpen en sus propiedades tan mimosamente cuidadas para pasar sólo una semana al año; pero por contra, hay quienes las aceptan y ayudan a pasar ese periodo tan crítico. ¡De todo hay en la viña......, y en las urbanizaciones……..!











