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¿Homosexualidad?















Escabroso tema a pesar de que es tan antiguo, como la presencia misma, del hombre sobre la Tierra. La misma RAE, la define como una inclinación……. Como si el querer a otra persona, sea del sexo que sea, lo hiciésemos algo ladeados, y no se hiciera bien erguidos y con los pies bien asentados en el suelo. Los defensores y detractores esgrimen infinidad de argumentos para ver la homosexualidad como algo natural, o como algo contra natura. Lo que está claro, es que en los albores del “Homo tecnológicus”,  la homosexualidad sigue siendo perseguida y no aceptada por amplios sectores de la Humanidad.

En la Naturaleza, de la que venimos todos, parece ser que unas mil quinientas especies tienen comportamientos homosexuales, siendo el pingüino una de las especies donde primero se descubrió este comportamiento, aunque los trabajos realizados sobre el tema quedaron ocultos casi un siglo. Rápidamente se me ha venido a la cabeza, la homosexualidad del pingüino, con la de vestirse de frac (traje de pingüino) como sinónimo de elegancia en el atuendo del hombre. ¿Mensaje subliminal oculto de algún gurú homosexual de la moda, o simple coincidencia de colores en el vestir? ¡Ahí lo dejo!

La cabra montés se encuentra entre esas mil y pico especies, donde se vive la homosexualidad de forma natural. Se puede observa dicha conducta tanto en individuos jóvenes como en individuos adultos. Al principio, se podría ver como una conducta más de inicio, a lo que será el cortejo y cópula de la hembra en el período de celo, como ocurre con el chocar de cuernos. También en los primeros años, como antesala, de lo que será las grandes peleas para hacerse con los favores de las hembras. Pero lo que tienen de interesantes estos Acantilados, es que la densidad de cabras es muy alta, y la observación de las mismas se puede realizar a poca distancia y durante bastante tiempo. Las conductas que antes se veía esporádicamente, en estos parajes, se ven con bastante frecuencia. No sólo son los pequeños machos que intentan imitar las conductas de los ejemplares adultos; si no que ejemplares adultos, que con anterioridad han cortejado a una hembra, tienen el mismo comportamiento que los jóvenes. Terminados los intentos de monta antinaturales, por los ejemplares, la manada sigue su actividad normal, sin ningún tipo de discriminación ni señalamiento a los ejemplares implicados.

Sirvan estas imágenes para dar testimonio de que el comportamiento homosexual en la cabra es un hecho, aunque no generalizado, sí presente.

Así que permisible senderista, cuando en tus paseos por estos Acantilados te encuentres una escena parecida a las que mis fotografías muestran, no te escandalices, piensa que la sexualidad y la forma de amar, vivida con respeto por ambas partes, tienen muchas formas de expresarse.




 

¡Vallas al campo!















Nuestra sociedad actual, vive inmersa en una obsesión por la seguridad: en la ciudad, en el trabajo, en la casa, en nuestros desplazamientos,…… hasta para nuestro último momento por este mundo, debemos contar con un seguro. Asesorada por compañías expertas en el asunto, velará por nosotros y por nuestros actos. Pero si a pesar de todo, por cualquier motivo, falla algunos de los sistemas establecidos para nuestra seguridad; rápidamente se pondrán en funcionamiento los mecanismos correctores, para que cualquier acto pernicioso que se pueda cometer, sea castigado y a la vez recompensado, en su justa medida. ¡Claro, previo pago de la póliza establecida!

Cualquier actividad donde se ponga en cuestión la posibilidad de no hacer frente a un imprevisto, somos requeridos para contratar  un aval, que nos dé esa seguridad y responda a lo imprevisible.
Esto hace de que vivamos rodeados de sistemas de seguridad, y de que nos sintamos muchas veces, de forma errónea, inmunes a todo. Flotamos en una burbuja de seguridad paternal. 
Cada vez más, sentimos la sensación, de que nos acercamos a la eternidad, como consecuencia acaso, de esa pompa que creemos que nos proteje; alejándonos y olvidándonos de manera inconsciente de la existencia del “riesgo”.
Cuando vamos por nuestras autovías a ciento y algo de kilómetros por hora, y contemplamos esas señales alertándonos de que animales salvajes pueden cruzarse en nuestro camino, apenas nos hacen reaccionar y tomarnos el trayecto con más cautela; pues vemos, que toda nuestra ruta está asegurada por kilómetros de vallas a pruebas de animales despistados que no son capaces de distinguir un claro de un bosque, de una peligrosa vía. 

Pero realmente, quien no está distinguiendo y leyendo con claridad “la realidad”, somos nosotros, cuando afrontamos ese tramo sin considerar que los animales racionales somos nosotros, y que en nuestro afán de progresar, estamos ocupando demasiado terreno a animales menos racionales, y por ende más controlados por sus impulsos primarios, por sus querencias.
Nuestros Acantilados como comentamos con anterioridad, están surcados por varias carreteras. Una de ellas, la situada al norte de los mismos, es una autovía de reciente construcción, con sus sistemas de seguridad de última generación; con infinidad de kilómetros de vallas para que nada extraño entre en nuestra zona de seguridad durante la conducción; pero de los que nuestra cabra hispánica, tan tozuda  y anárquica como todo nuestro ser, se salta a la torera cuando le viene en gana.
Esta vía de comunicación ha sido construida entre un extenso Parque Natural, donde la cabra es su especie más emblemática y un Paraje Natural terrestre-marítimo, donde este ungulado ha encontrado su solaz para combatir los rigores de las montañas cercanas. La cabra ha utilizado desde época remota distintas rutas para unir ambos parajes. 
Hasta el momento, no se ha leído nuestro código de circulación. No distingue una calzada, de un carril de aceleración o de entrada. Continuamente están al límite de sobrepasar esa delgada línea de nuestra seguridad en las distintas calzadas que utilizamos. No hay valla que no pueda saltar o esquivar esta animal tan ágil.

Valgan estas imágenes para hacernos ver, que la cautela en ciertos trayectos es nuestro mejor sistema de seguridad, y que los sofisticados sistemas de nuestros automóviles, y los instalados en las autovías son infructuosos, para hacer frente a la fauna salvaje; y, que realmente, cuando nos encontramos en las distintas vías, la señal: “Precaución animales salvajes”; estos realmente andan rondando los alrededores.


 

Enfermedades















Como suele ocurrir con cualquier ser vivo, todo ser, está expuesto a una serie de enfermedades propias de su especie. Cuando la especie en cuestión tiene una densidad de población considerable, y además, no hay ningún tipo de control (por lo menos que sepamos) para combatir los posibles brotes de afecciones que se puedan dar, como es el caso que nos ocupa en los Acantilados, la situación puede llegar a ser bastante preocupante. 

En entradas anteriores, hemos aludido, que la principal causa de muerte de cabra en los Acantilados, ha sido la ingestión involuntaria de plomo (para ser más exactos diríamos también de estaño y antimonio, que es de lo que se hacen las balas actuales). Bastantes años se lleva produciendo, esta afección y pocas son las medidas que se han tomado; más allá de un incremento de la vigilancia cuando la noticia salía por los medios de comunicación, a la luz pública.

Pero llevamos observando, que no sólo de una ingestión de plomo desparecen individuos en la zona, otros tipos de afecciones y dolencias merman el número de ejemplares. Cada vez aparecen más ejemplares con bultos en la zona de la cara, con boqueras que nos les permiten comer bien, con ojos ulcerosos y para colmo, últimamente se están encontrado animales muertos, previsiblemente debido al brote de lengua azul que ha surgido en la provincia. Decimos previsiblemente, porque no podemos confirmarlo con rotundidad, como tampoco podemos confirmar, que se hayan tomado medidas para los otros tipos de afecciones. La incidencia, de este presumible brote, lo podremos constatar con más rigurosidad cuando llegue la cercana época de celo, donde en las manadas se agruparán todos los ejemplares de todas las edades, y podremos comprobar in situ, cual ha sido su repercusión en la cabaña de la cabra montés.

Pienso que la política de conservación del Paraje, pasa por un “ laissez faire, laissez passer”, tan de moda en todos los aspectos, en los tiempos actuales. Pero todos sabemos que cuando no intervenimos en ciertas cuestiones, otros intervendrán por nosotros, para provecho propio. Si no se actúa, sobre los problemas que afectan a la población de cabra, furtivos y enfermedades lo harán por nosotros. No podemos seguir escondiendo la cabeza bajo tierra como los avestruces, y dejar que la población de cabra se autorregule en el Paraje, porque esa autorregulación siempre llegará en forma de catástrofe, por la densidad de la especie. No podemos dejar que la población alcance unos picos considerables de individuos, y que igualmente, vayan apareciendo animales muertos por todos lados, como consecuencia de no llevar a cabo una gestión acorde a la figura de protección que el Paraje requiere.

Si hay algo que haga singular a este Paraje de paisajes y calas idílicas, es poder contemplar, a un animal como es la cabra montés, asociada a riscos, paredes y alta montaña, deambular y pasear como un turista más por sus playas y calas.

Curioso y perspicaz caminante, que te adentras por estos territorios. Malos tiempos se entrevén para poder tener esa imagen de la cabra; esperemos que todo sea fruto de una ensoñación, y que en tus paseos, nada haya cambiado de la realidad que sobre los Acantilados tenemos.





 

Gestos















Cuando nos referimos al gesto, nos estamos refiriendo a cualquier movimiento que realizamos con el rostro, las manos o cualquier otra parte del cuerpo con el que expresamos o transmitimos mensajes. Le hemos dado tanta importancia, que hay toda una literatura sobre los comportamientos gestuales, sean éstos realizados de forma consciente o inconsciente; asegurando algunos estudios que este lenguaje gestual relata en verdad quiénes somos, lo que sentimos en ese momento y nuestros verdaderos gustos. Nuestro control sobre los demás está llegando hasta tales límites, que no hace falta que nadie abra la boca para saber como es. 

Lástima que ese control tan exhaustivo sólo lo apliquemos como signo de poder y hegemonía sobre los demás. Poco orientamos nuestras miradas para entender los gestos que la Naturaleza, cada vez de forma más evidente, nos muestras ante los abusos que estamos cometiendo y que está poniendo en peligro la vida sobre la Tierra. Los científicos, quienes son los que se encargan de descifrar el lenguaje gestual del planeta, nos advierten constantemente cuales son los gestos más claros sobre los atropellos cometidos. Pero a nosotros nos da igual, seguimos relativizando dichos gestos, y otros incluso hasta los niegan. ¡Allá ellos!

Este comportamiento gestual no es exclusivo de la condición humana. Los animales tienen su lenguaje verbal, a bases de chillidos, silbidos o guturales para comunicar o advertir de cualquier situación que se pueda producir. Pero además, cuentan con un lenguaje gestual que, al igual que el de los humanos, transmite mensajes al resto de los individuos que conforman su manada o grupo.

Lenguaje verbal y gestual que, muchas veces, son la conversación transcendental entre quienes tienen animales de compañía. Esos maullido lastimero de nuestro gato; el ladrido de advertencia de nuestro perro, el nerviosismo ante la llegada del cuidador, la quietud casi marmórea ante la vigilancia ¡Cuánto sabemos de perros y gatos!

En la Naturaleza, el restos de animales también cuentan con un extenso repertorio de lenguaje verbal y gestual menos conocido. Berrean cuando quieren llamar la atención o buscan a otro individuo; silban cuando captan que puede haber un peligro cercano; espurrean cuando advierten la presencia de algo extraño que no pueden identificar;…etc.etc.

También cuenta con una serie de gestos conscientes o inconscientes con los que nos muestran sus estado de ánimos. Se quedan inertes mirando fijamente en una dirección concreta, levantan la cola, sacan la lengua, miran amenazante a esa cría incordiosa, …..etc,etc  o simplemente hacen muecas. Estas fotos son sólo un pequeño repertorio del lenguaje gestual con el que cuentan.


 

El pelaje














¿Qué sería de los mamíferos sin el pelo? Es la seña de identidad en exclusiva de los mamíferos. No hay ninguna otra clase de animales que tengan pelo. Sus funciones son varias: protege la piel del sol, da calor durante el invierno y refresca durante el verano, manda mensajes sensoriales al cerebro…

La cabra montés como mamífero, cuenta con su pelaje característico que cambia durante dos épocas. Cuando empieza a refrescar va cambiando el pelaje menos denso de la época estival, a un pelaje más denso para combatir los fríos del invierno. Aunque podríamos decir que la cabra montés en los Acantilados, se pasea durante todo el año con un abrigo de visón, pero con temperaturas tropicales. Su evolución para solventar tal disyuntiva, será del abrigo de visón a la guayabera. Pero será tan lenta que nosotros, como se dice por aquí, no lo veremos. De todas maneras, muy mal no les irá actualmente con tanto abrigo, cuando el número va creciendo de año en año. 

El cambio que se produce en su pelaje, no es sólo en cuanto a la densidad del mismo, también cambia en cuanto al color. Durante el otoño-invierno, coincidiendo también con el celo de la cabra, ésta viste sus mejores galas. Es en los machos donde se acentúa más ese cambio, vistiendo los ejemplares más viejos, unos esplendorosos pechos y costados negros. Cuanto más viejos, más grande es la parte del cuerpo revestida de color negro, avistándose los ejemplares de forma más fácil por el contraste que supone con el entorno. En las hembras el cambio de color es menos perceptible, pasa de un tono marrón claro a un tono un poco más oscuro.

Ultimamente, se están observando, cada vez más, ejemplares con un pelaje muy peculiar. Es un pelaje negruzco sucio, como si hubieran quemado al ejemplar con un soplete, como se hacen con los “guarros” en las matanzas para quitarles el pelo. Apareció por primera vez en un ejemplar macho adulto, que además tuvo para más inri, la mala suerte de perder un cuerno en una pelea. Con lo que el ejemplar, quedó hecho un cromo. Con un sólo cuerno y tostado en una parrilla. Su visión era de otro mundo. A este ejemplar, le han ido sucediendo otros ejemplares, tanto machos como hembras, que han ido presentando la misma característica. Pero lo curioso del tema, es que los animales que presentan este tipo de pelaje, no lo hacen de forma estable, si no que se van sucediendo años con su pelaje natural y hermoso, con años con el pelaje “achicharrado”. 

Indagando sobre el tema para saber a qué se podría deber tal anomalía, encontré documentación donde se decía que ese cambio en el pelaje era debido a situaciones de estrés. En los Acantilados, la cabra montés sí que está bien servida de situaciones estresantes: estrés hídrico, estrés calorífico, estrés persecutorio por los perros sueltos, estrés alimenticio,…. Dejamos para los grandes estudiosos del tema, estudiar qué tipo de estrés es el que más podría incidir sobre el pelo de la cabra montés.

Así que osado caminante, tómate relajadamente tus andanzas por las rutas de los Acantilados, por que aún no he conocido humano alguno, que le cambie el color de su piel por el estrés, pero si he conocido casos, donde les han ido disminuyendo el pelo por situaciones estresante. 

¡OM MANI PADME HUM!