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Ruiseñor común (Luscinia megarhynchos)















Nos encontramos ante el paradigma por excelencia del “bel canto” pajaril. Tal es su fama de buen cantor desde tiempos remotos, que incluso prestaba su nombre a un niño prodigio del cante patrio: “El Pequeño Ruiseñor”. Lo destacado de su canto es su variedad, riqueza y extraordinario vigor en la emisión, y como buen tenor, canta tanto de día como de noche.

El Ruiseñor Común es un pájaro huidizo y escondidizo, y por razones obvias es más oído que visto. Frecuenta zonas densas y frescas de cañadas y riberas de ríos y arroyos. Le cuesta abandonar las enmarañadas zarzas por las que se desenvuelve con mucha soltura, y por las espesuras de matorrales y arbustos. Pero, sin embargo, no podemos catalogarlo como un pájaro tímido, pues cuando abandona las espesuras y se muestra al descubierto, pierde todo el sentido de su fama de huidizo y permite una cierta aproximación a su posadero. Normalmente se le observa solitario, rara vez se ven juntos a macho y hembra, y es el macho el que tiende a mostrarse.

Nuestro protagonista suele emigrar durante el invierno, buscando zonas más cálidas donde guarecerse de las gélidas temperaturas. Para ello, se desplaza hasta el Africa Tropical, en un amplio territorio que va desde la costa de Africa Occidental hasta el norte de Tanzania. En primavera, suelen volver a sus lugares de crías, guardando una inusual fidelidad a sus zonas de crías. Como nota curiosa, podemos decir, que si uno de los progenitores muere durante la migración es sustituido por los jóvenes del año anterior, emparejándose padres con hijos. De manera, que se forman como clanes con notas distintivas particulares, que los buenos aficionados al cante pueden distinguir con facilidad.

En los Acantilados, al contar con pocas zonas frescas y de riberas, su presencia es prácticamente ocasional. Cuando el ruiseñor llega durante la primavera para la época de cría, los Acantilados comienzan a mostrar su cara más inhóspita y seca. Tiene que adentrarse hacia zonas más al interior  para la cría, donde los arroyos pueden mantener un pequeño caudal de agua. Dichas zonas , aunque aledañas al Paraje Natural, quedan fuera del mismo. Son dos las áreas, que mantienen un cierto caudal y frescura, pero diametralmente opuestas, por donde se suelen ver; pero por contra, son de las zonas más concurridas por senderistas y bañista, cuando llega la época estival. También es posible verlo en los puntos de agua en la época de migración. Al final, si se quiere divisar, la perseverancia, unida a esa otra aliada que es la suerte te podrán servir para su contemplación.

En cuanto a la población del ruiseñor común a nivel nacional y europeo, hay quienes apuntan a que ha experimentado en toda Europa un gran descenso en su densidad. Pero la página web de SEO Bird Life la incluye como especie de “preocupación menor”, sin dejar de alertar de las amenazas que supone para la especie, la desaparición de los bosques de ribera y de la canalización de ríos y acequias.

Así que observador y perspicaz senderista que te adentras por estos parajes, en tus paseos tendrás las mismas oportunidades de escuchar que de contemplar a este huidizo pájaro. ¡Qué la suerte te sea propicia!


 

Gavilán (Accipiter nisus)















Observar y ya no digamos fotografiar al gavilán en los Acantilados es ardua, difícil y complicada tarea. En primer lugar, porque si observamos su distribución en la Península, se le sitúa en las serranías de las provincias andaluzas, y en segundo lugar, porque nos enfrentamos a una de nuestras rapaces de menor tamaño, y para más dificultad es una ave forestal. Quiere decir esto que vive y desarrolla su actividad en bosques, y la verdad que bosques, bosques, nuestros Acantilados cuentan más bien con pocos, o mejor dicho con ninguno. Podríamos llamarles bosques a las manchas de pinos que aparecen dispersas por sus laderas, y son tan pequeñas, que cuando te adentras en ellos, los animales que puedan estar escondidos o descansando dentro, te están viendo a una distancia considerable antes ni siquiera de poner un pie en su interior.

Pero a pesar de estos inconvenientes, en los Acantilados podemos observar a esta pequeña, rápida y sorprendente rapaz. Hay años en que la podemos ver, durante todas las estaciones, y otros en los que solamente podemos contemplarla durante la época de cría. Todo dependerá de la comida que haya ese año, o de las ganas que tenga de cruzar el mar que lo separa de Africa. Durante el último año, lo hemos podido contemplar prácticamente durante todo el año. También por encontrarse los Acantilados frente a las costas africanas, las épocas de pasos pre y postnupciales son buenas épocas para poder observar el paso de estas pequeñas rapaces.

Como rapaz pequeña se alimenta de las aves más diminutas que pueblan las manchas de pinos de los Acantilados, léase: herrerillos, mitos, rmosquiteros, reyezuelos, etc. Está tan adaptada a los bosques, que toda su fisionomía está especializada para moverse en la espesura de los bosques. Sus alas cortas y su cola larga le permiten tener una agilidad y maniobrabilidad fundamentales para poder capturar a sus pequeñas presas. En los Acantilados también suele escudriñar las zonas de agua donde suelen acudir las aves a beber. Pero estas zonas son tan cambiantes y tan poco estables, que podemos observar su presencia una época en un sitio y otra época en otro. Las pocas zonas de agua dulce superficiales están tan presionadas por la presencia humana que ni las aves acuden. Con todo ello, poder ver al gavilán acechar a sus presas desde una atalaya que controle la llegadas de las aves a beber, es bastante complicado, sólo un golpe de suerte o la de la estabilidad de esa fuente de agua durante un tiempo prolongado, puede depararte un extraordinario momento de contemplación. Lo normal, es que puedas observarla en vuelo. La mayoría de las veces es un visto y no visto. Es un vuelo fugaz entre pinos u olivos. Otras veces, las menos, puedes recrearte con un prolongado planeo localizando a su posible presa. En estos momentos es donde más puedes disfrutarlas.

Así que observador y perspicaz caminante, tendrás todo un golpe de suerte, si primero puedes observar a una rapaz volar por los Acantilados; segundo, si puedes reconocer que es un gavilán; y tercero, si ya lo ves parado, entonces ya, es la releche. ¡Que se de ese golpe de suerte!


 

Escribano montesino (Emberiza cia africana)


Foto de la Wikipedia













El escribano montesino es un ave del tamaño de un gorrión, que recibe su nombre de los trazos y color de sus huevos, que se parecen a las manchas de tinta que los antiguos escribanos dejaban en los escritos. Singular circunstancia ésta, de que se conozca al ave más por sus huevos que por su bella fisonomía. El “montesino” es una bella ave, aunque en un primer contacto visual, sobretodo en vuelo, nos parezca anodino. Sólo su larga cola nos llamará su atención. Será su contemplación más cercana la que nos irá revelando toda su singularidad y sus características facciones. Nos llamará la atención su característica cabeza, con esas franjas negras a modo de antifaz. Su pecho gris y sus tonos pardos o rojizos de todo su cuerpo, y su larga cola. Tiene un comportamiento bastante tímido que lo hace pasar fácilmente desapercibido.

El “montesino” es un ave que prefiere las zonas montañosas y accidentadas, y es a partir de septiembre cuando empiezan a descender a terrenos más cálidos. En los Acantilados, por ser terrenos muy accidentados, es una especie que se suele ver con bastante frecuencia, en cualquier tipo de terreno y posada en cualquier tipo de árbol o arbusto, incluso muchas veces en el suelo. Por los avistamientos realizados en los Acantilados durante todas las estaciones, podríamos decir, que el “montesino” es un ave que tiene su residencia permanente y que cría por estos parajes.

En España existen dos subespecies de “montesinos”: “emberiza cia cia” y “emberiza cia africana”. Es obvio decir, que la especie que podemos observar por los Acantilados es la “africana”. También tendría que decir que he buscado información para diferenciar ambas especies, y no la he encontrado. He comprobado imágenes de la “emberiza cia cia”, con imágenes de los ejemplares fotografiados en los Acantilados, y las diferencias apenas existen. Una característica que podría diferenciarlas, sería el color gris de la nuca y pecho, que en la africana esa mancha en la nuca es prácticamente inexistente, notándose en esa parte de la nuca, una prolongación de los colores y manchas de la cabeza. Pero también he podido notar, que no en todos los ejemplares se dan, ello podría deberse a que algunas de las fotos realizadas en los Acantilados, se correspondan con ejemplares de “cia cia” que hayan emigrados de latitudes septentrionales. Aquí hasta el momento, tenemos un serio problema de identificación. Lo que parece estar más claro, es que en los escribanos montesinos no hay una verdadera migración hacia Africa, al criar la especie en el norte del continente, por lo que es difícil determinar en qué proporción pueden los escribanos montesinos europeos atravesar el Mediterráneo. ¿Se quedarán entonces, todos los escribanos de latitudes septentrionales por el Sur de la Península? La verdad, que tampoco se advierte por los Acantilados un aumento de ejemplares de una estación a otra. Este ave sigue pasando desapercibido en cualquier época del año.

Así que osado y perspicaz senderista que recorres estos Acantilados, como podrás comprobar por estas líneas, no sólo en la especie humana hay esa diferenciación entre los del Norte y los africanos del Sur. También las aves cuentan con esa diferenciación. Pero que esto no te produzca una angustia y una animadversión hacia el diferente, todo lo contrario, estas diferencias dan hermosura, pluralidad y diversidad a la especie humana. Aunque todos los tiros en la actualidad, vayan hacia la homogeneidad, hacia una única civilización y religión verdadera, y sobretodo hacia un pensamiento único.



 

Zorzal común (Turdus philomelos)

 















Siempre he asociado al zorzal con las cortas tardes de otoño e invierno, y, con el frio. Siempre a la espera de que estas aves regresaran desde sus comederos hasta sus encames: desde el olivar hasta el pinar. Siempre cerca de un viso desde el que poder atisbar su acercamiento. Siempre llegar al campo con el sol todavía por encima del horizonte, y partir cuando las últimas luces del día, apenas dibujaban siluetas a nuestro alrededor. Siempre escuchando el repiqueteo, casi incesante, de las escopetas. Siempre estando alerta y atento a donde caían los zorzales abatidos, y llevando la cuenta de los caídos, para cuando se produjera, uno de esos escasos momentos de tranquilidad en el paso, salir a recogerlos. Siempre los asocié a unas cuantas manos desplumándolos para freírlos en la perola con ajos.

Para mí el zorzal, nunca fue un ave diurna ni nocturna, fue un pájaro entre dos luces. Fue un ave en constante vuelo que si se acercaba más de lo debido, corría un grave riesgo. Nunca lo vi posado, o correteando por el suelo en busca de ese “bichillo” o semilla que echarse a la boca.  No tenía otra alternativa, que salir volando para escapar, o terminar en el zurrón o en la percha. Cuando he podido encontrarme tan de cerca y a distintas horas, con el zorzal en los Acantilados, todas esas imágenes han vuelto a mi mente, pero sólo como recuerdos de una niñez que me acercaban también a la Naturaleza, pero con unas motivaciones totalmente distintas. Ha sido en estos otros encuentros, cuando realmente he conocido al zorzal. He contemplado su desconfianza y astucia de túrdido en los primeros momentos, y su confianza y temeridad posteriores.

No es muy asiduo el zorzal por los Acantilados. Aparece por las zonas donde los escasos olivos muestran sus frutos que irán tirando conforme vayan madurando. Frutos que aprovecharán además del zorzal, “túrdidos” como el mirlo y el roquero. También aprovecharán los frutos de los lentiscos, que estarán repletos cuando lleguen.  A pesar de que las temperaturas, durante el otoño e invierno en los Acantilados son suaves, los zorzales están por estos parajes durante un breve tiempo, y en número más bien escaso. Estos años atrás, donde la falta de agua ha sido un gran problema, y por ende la falta de alimentos por toda la zona, el zorzal apenas se ha dejado de ver. Algunos ejemplares sueltos, volaban entre los olivos, como ánimas en el purgatorio buscando mejores paraísos. Su fino reclamo agudo y suave, así como su voz de alarma, nerviosa y estridente, son las que la mayoría de las veces, nos alertan de su presencia.
Como buen “túrdido”, es desconfiado y huidizo al principio, pero cuando coge confianza…..se muestra sin temor ni turbación alguna.

Así, que intrépido y observador caminante que tienes la misma costumbre que el zorzal: aparecer por las rutas de los Acantilados cuando el estío va desapareciendo de los Acantilados. Quizás tengas la suerte, en alguna de tus caminatas, de toparte con algún ejemplar. Abre bien los ojos, para poder diferenciarla de mirlos y roqueros, y disfruta de su escasa presencia por estos pequeños Acantilados.


















Piquituerto común (Logia curvirostra)















El piquituerto común posee uno de los más sorprendentes y especializados picos de toda la avifauna europea. Se trata de una herramienta robusta y en forma de tijera, cuyas mandíbulas se cruzan para constituir una perfecta tenaza con la que extraer los nutritivos piñones que constituyen la base de su dieta. Ave forestal y de talante nómada, el piquituerto común es un habitante característico de los bosques de pinos, abetos, alerces y píceas de toda Europa, desde el nivel del mar hasta la alta montaña. (SEO Bird Life)

Así comienza la presentación de nuestro protagonista en la página oficial de SEO Bird Life. Efectivamente, la mejor característica para conocer a nuestro protagonista por los Acantilados es, aparte de su llamativo colorido rojo o verde, su peculiar pico cruzado que lo hace inconfundible a cualquier otra especie. Como dice la presentación de la SEO, no hay otra especie europea que tenga tan peculiar boca, por lo que podríamos considerar como una rareza, a este ave que también habita por los Acantilados.

Por su distribución en España, se decanta más por el área mediterránea, siendo su presencia por la parte atlántica, menos numerosas. El piquituerto común es una de las aves residentes de los Acantilados. Aunque refiriéndonos al piquituerto, lo de “residente” hay que cogerlo con pinzas. Pues es un ave que se mueve por “invasiones”, y por su conducta tan errática y cambiante, donde las poblaciones suelen ser habituales en una zona, y al año siguiente haber desaparecido completamente.

Suele verse, como no seria de otra forma, por las altas ramas de los pinos que pueblan las laderas de algunos rincones del Paraje, aunque en su deambular, tampoco es infrecuente verlo posado sobre cualquier otro árbol. Mientras más nos acerquemos a las zonas de pinares, más oportunidades tenemos de observarlo. Como los pinares no son muy abundantes, no hay una zona específica donde podamos encontrarlo, por lo que podaríamos decir, que debido a su espíritu nómada, que cualquier sitio es bueno para verlo.
También por las zonas, donde el agua aparece en superficie, aunque escasas, suele aparecer. Surgiendo de la espesura, busca un posadero desde el que se cerciora de que no hay peligro alguno, y se lanza en busca de ese agua tan necesaria y escasa por los Acantilados.

No es un ave muy abundante por los Acantilados, pero tampoco es infrecuente su observación. Aquí no forma bandos como suele ocurrir en bosques de pinos más extensos. Deambulan, normalmente en parejas y con las crías que han nacido durante ese año. Como cualquier animal salvaje, puede aparecer cuando menos lo esperemos, y cuando nos deleita con la oportunidad de poder observarlo, aguantará en su posadero sin asustarse en demasía; por lo que nos da un tiempo prudencial para poder contemplarlo perfectamente.

Así que osado e intrépido caminante que recorres los senderos de los Acantilados, la tarea de poder contemplar un piquituerto en tus andanzas, no es nada fácil, pero tampoco es imposible. Que los dioses se hayan esforzados en proporcionar un buen año de piñas, y que éstas estén cargadas de tan preciados piñones. Así tendrás más oportunidades de poder observar al piquituero en su faena preferida. ¡Qué tengas suerte y puedas admirar a tan singular ave de pico cruzado!