Esta pequeña flor, que aparece anualmente por las zonas de pastos pedregosos de los Acantilados, tan inusual y peculiar, ha disparado la imaginación desde la antigüedad. Su fascinación venía dada, tanto por su singularidad y belleza, como por la atribución de poderes mágicos. ¡Podría ser que los tuviera! El desarrollo de la “Fitoquímica” aún estaba en los albores, como para conocer y comprender, que utilizada en pequeñas diócesis (dosis) como diría mi amigo Manolo, esta planta era idónea para las lombrices, dolores de cabeza, trastornos urinarios, promover la menstruación, etc. un sinfín de propiedades que la hacía casi mágica; pero por contra, utilizada en gran cantidad podía producir intoxicaciones. Nada que actualmente no sepamos. Incluso el agua, tan esencial para nuestra vida, cuando estamos deshidratados, tomadas en grandes cantidades también nos puede producir una intoxicación. ¡Hasta dónde hemos llegado! Claro, en tiempos tan remotos, era complicado dilucidar cual sería la cantidad idónea de la planta a tomar. Actualmente, su venta al público está prohibida o restringida por su toxicidad. Así, que desde aquí te hago un llamamiento, osado caminante; si cuando pasees por estos Acantilados sufres alguna de las dolencias antes mencionadas, y te encuentras con algunos ejemplares de nigella, deshecha la tentación de automedicarte y sigue los consejos de tu médico o médica de cabecera.
Para algunos, entre los que me encuentro, la nigella damascena es una planta que parece sacada de un cuento. Sus llamativas flores azules, rodeadas de las hojas de la base que parecen hilos, crean un efecto que las hacen única en el mundo vegetal, dando sensación que nos encontramos ante una flor que está siendo polinizada por varias arañas. En los Acantilados no es de las plantas abundantes, su presencia se enmarca en lugares muy concretos de pastos pedregosos trillados por la presencia de cabras y del trasiego de caminantes. Igualmente, al tratarse de una planta anual, habrá años en los que sean muy abundantes, y otros años donde aparezcan unos solos ejemplares.
Es originaria del sur de Europa, el norte de África y el suroeste de Asia. Se la denomina “damascena” por Damasco, la ciudad cercana a su hábitat natural. Volvemos a Siria otra vez, de donde nos vino también de la ciudad de Alepo, el “pinus halepensis”. Y “nigella” por sus semillas negras, que son utilizadas como condimento por su sabor áspero y picante.
Poco más te puedo ofrecer de esta singular planta, agudo senderista. La magia de la naturaleza, es prudente y discreta. No utiliza redes sociales. Si tiene algo que decirte, te lo muestra. Eres tú en tus paseos y caminatas, quien lo ve solo si quieres verlo, y estás preparado para ello. Que en tus andanzas por estos Acantilados, tengas la suerte y la predisposición de encontrarte con esta singular flor.



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