Puede que el título de la entrada nos lleve a confusión, y creer que vamos a hablar de un nuevo tipo de misil, tan en boga en estos tiempos tan belicistas que corremos, y que sobrevoló los cielos de los Acantilados en su trayectoria errónea. No se trata de nada de eso. Aunque, pensándolo bien, tampoco estaría muy descarriada la comparación entre ambos elementos. Los separa únicamente esa fina y delgada línea, que va desde la necesidad de sobrevivir representada por nuestra protagonista, hasta la avaricia de poder, símbolo de ese otro objeto de destrucción, pero ambos en casos, iguales de letales.
1XR es el nombre con el que nos llegó de su Menorca natal, ya bautizada, esta magnífica ave. Nombre más acorde, con el de un nuevo humanoide de los laboratorios de “Robot Valley”, que el que debiera corresponder a un ser nacido en un nido construido, sobre un bello acantilado de la costa mallorquina. Pero 1XR ajena a cualquier controversia sobre su onomástica, rápidamente se fue encontrando cada vez mejor por las paredes de los Acantilados. Como tampoco entraba en disputas de soberanía territorial, deambulaba lo mismo, por las paredes de los Acantilados de la costa de una provincia como las paredes de los acantilados de la provincia colindante. Lo único que le importaba era la tranquilidad. ¡Preciado y escaso término éste de la tranquilidad por estos pagos! Máxime en la época estival, donde veleros, lanchas a motor, tablas, piraguas, buceadores, iban conquistando cada metro lineal de la costa de acantilados, y donde la 1XR tenía que estar de constante mudanza, para poder disfrutar en paz de las comidas diarias. Lo peor de toda su estancia por los Acantilados, fue durante la época estival. La peor época estival, para la paz y tranquilidad que oso a recordar, debido al martilleo casi constante de los medios de comunicación sobre las excelencias de estos Acantilados, y la consabida afluencia masiva de visitantes.
Pero a todo se acostumbró 1XR, y con astucia, resignación y sobre todo a esa facultad que tienen las aves de volar, fue encontrando posaderos a todo lo largo de los Acantilados, donde esquivar, según viniesen las molestias de Levante o Poniente. Alguna que otra vez, esos lugares estaban algo alejados de la línea de costa, y fue colonizando pinos, roquedos, cables, postes eléctricos…. desde los que poder contemplar desde otra perspectiva, estos bellos paisajes.
¡Qué voy a decir de la contemplación de tan magnífica ave sobrevolando los Acantilados! ¡De sus lances de pescas, unas veces fallidos y otras certeros! ¡De la delicadeza con la que iba troceando y engullendo la pieza pescada! Tuve la inmensa fortuna de contemplar como se comió una de sus presas. Fue más de una hora, con total tranquilidad, la que estuvo disfrutando del primer banquete del día. Quizás por que fue un desayuno más tardío de lo habitual, se regodeó más de lo que acostumbraba. Sin las molestias de buceadores, piragüistas ni gaviotas que pudieran interrumpir tan sagrado momento. Sólo quedó la cola del infeliz pez.
Intuitivo y clarividente senderista que has leído esta entrada y ya estás frotándote las manos, por que piensas que en uno de tus paseos, podrás tener la suerte de encontrarte con tan magnífica ave. Tengo que desilusionarte y comentarte que 1XR después de casi un año por estos parajes, volvió, eso pensamos, hacia el lugar que vislumbró nada más abrir los ojos. La Naturaleza cuenta con sus periodos ineludibles, y el periodo de reproducción es uno de los más potentes en los animales. 1XR despareció un mes de abril y hasta el día de hoy no la hemos vuelto a ver.





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