Estamos ante una especie bastante singular y no muy conocida por el gran público. Es la especie de araña más grande de Europa, con hábitos nocturnos y su animadversión ante seres más grandes que los insectos; esto hace, que ante la presencia de cualquier ser más grande que un insecto huya, y se esconda en su cueva. De ahí que su visión sea bastante complicada.
La cueva está protegida por una especie de embudo hecho de ramas entrelazadas con la telaraña que construye, y que le sirve de sensor cuando un insecto se acerca y toca el embudo. Cuando nota la vibración por el contacto del insecto, en un movimiento rápido, la Lycosa sale y ataca al insecto que se ha acercado.
Parece ser, que la altura del embudo sirva a los machos para evaluar la idoneidad de una hembra, y su capacidad para proteger sus huevos y la de llevar a buen término su puesta. Así mismo, sería un indicador de riesgo de ser devorado por la hembra, pues cuanta mayor sea la altura de la protección, mejor alimentada está la araña que la construye y menos posibilidades de que esté hambrienta; y de que termine el macho siendo una de sus víctimas. ¡Aquí podemos decir, que el tamaño del embudo sí importa mucho!
Es una especie endémica del Sur de Europa, parece ser que se encontraba especialmente, cerca de la ciudad de Tarento, de ahí su nombre, pero que podemos observar también por nuestros Acantilados, todavía más al Sur de Europa, y algo alejados de Tarento. En los Acantilados es una especie común, no abundante, pero sí fácilmente de ver, sobretodo sus cuevas con el embudo exterior. Normalmente, estos nidos se encuentran orientados hacia el Sur, y como dijimos anteriormente, por sus costumbres, la Lycosa es bastante complicada de observar.
Pero, si por algo es famosa nuestra protagonista, es porque se le atribuye de ser la impulsora del baile de la tarantela. Aunque es una araña venenosa, su veneno no causa síntomas severos en los humanos, el dolor no va más allá de lo que sería una picadura de avispa, de la que sí tenemos más experiencia, por lo que no pone en riesgo nuestra vida, a no ser de que padezcamos alguna alergia al veneno, por lo que la casuística se dispararía. Según la creencia popular la picadura de la lycosa producía una enfermedad llamada tarantismo, que se cura bailando con movimientos espasmódicos. De ahí, lo del ser la impulsora del famoso baile. Servidor, como no soy muy bailón, no he sentido la necesidad de probar en carne propia, esa subida de adrenalina bailonga; por lo que mis encuentros con la Lycosa, se han ceñidos exclusivamente, en sacarla lo más favorecida posible en las fotos. Pero tengo que reconocer, que es bastante arisca como modelo.
Así, que intrépido caminante, que recorres estos pequeños Acantilados, tienes que ir ojo avizor escudriñando cada palmo de la superficie por la que caminas, para poder encontrar alguna oquedad perfectamente cilíndrica, rodeada de una especie de corona, hecha de ramas y hojas seca. Si así la vieras, habrás encontrado la cueva, no precisamente de un cíclope, si no la de nuestra protagonista de seis ojos. ¡Que tengas suerte! Y de vez en cuando mira para arriba, para que no te pase como al hermano más grande de la Fabula de los tres hermanos de Silvio Rodriguez.







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